Estando parado hacia dentro

2016 -

 

I.

En la península escandinava existe un animal que permanece toda su vida de pie, el aclis, de forma es parecido al alce pero con el labio superior más grande; la causa de su perpetua verticalidad es la falta de extremidades articuladas, es decir, carece de rodillas. No se sabe el porqué de su nombre, aclis, la primera vez que se le menciona es en capítulo 16 del libro VIII de la Historia Natural que escribió Plinio el Viejo en el año 77. Aclis (Akhlys) es también el nombre del primer ser creado, Aclis, diosa griega de la noche, Aclis, diosa de la niebla de la muerte, Aclis, diosa de la opacidad en los ojos anterior al fallecimiento. Antes de Caos ya hubo un aclis de pie.

  

II.

La palabra “instante” proviene del latín y está formada por el prefijo In=hacia-dentro, el verbo stare=estar-de-pie, y el sufijo nte=que hace de la palabra un participio activo del presente, en otras palabras, una acción no finita, un gerundio. Por lo tanto, un instante se define como un estar de pie, hacia adentro, en gerundio: Estando parado hacia dentro.

  

III.

El mitridatismo consiste en consumir pequeñas dosis de veneno con la intención de volverse inmune a él, es una práctica absurda, ya que nunca se sabe a causa de qué veneno se morirá, y habría que mitridatizar el organismo con cada veneno existente para conseguir total inmunidad. Sin embargo, el mitridatismo no sólo produce inmunidad, la épica India cuenta que durante el Imperio Maurya, se seleccionaba a las niñas más bonitas para mitridatizarlas, se les hacía consumir tanto veneno que casi todas encontraban la muerte en él, las que lograban sobrevivir no sólo desarrollaban inmunidad, sino que se volvían mortalmente venenosas, hermosas niñas fatales. En estas mujeres se basó Nathaniel Hawthorne para escribir el cuento en el que se basó Octavio Paz para escribir su única obra teatral: La hija de Rappaccini.

 

El relato de Hawthorne y el de Paz son prácticamente iguales: Rappaccini, un doctor que cultiva y diseña plantas venenosas con las que mitridatiza a su hija, Beatriz. Rappaccini busca la inmortalidad, pero no comete el error de luchar contra la muerte, Rappaccini sabe que para vencer a la muerte hay que convertirse en la muerte, por ello transforma a su hija en un ser tan venenoso que mata todo lo que toca, como el Pitohuí encapuchado  o la rana dardo dorada que tienen su piel impregnada con batracotoxina para evitar ser tocados. Rappaccini, a través de su hija, intenta vencer a la muerte siendo la muerte, siendo la opacidad en los ojos anterior al fallecimiento.

 

Tras un periplo amoroso Beatriz es desmitridatizada y la obra termina en el instante anterior a su muerte, durante el cual pronuncia sus últimas palabras: “¡caigo hacia dentro y no toco el fondo de mi alma!”, si no toca el fondo quiere decir que es una caída no finita: Beatriz está cayendo, cayendo hacia adentro de su alma; Paz redunda el gerundio del instante anterior a la muerte de Beatriz, escribiendo el siguiente epílogo: “Lo que pasó, está pasando todavía”. “Está cayendo”, “está pasando”. Mientras el gerundio no devenga pretérito, el instante continúa, el doctor Rappaccini vence a la muerte, haciendo de Beatriz un permanente presente.

  

IV.

Así como Sidarta se iluminó meditando bajo la sombra de una higuera, dentro de una higuera, donde siempre es ahora y a todas horas siempre, Octavio Paz encontró la poesía. Al centro del jardín del doctor Rappaccini se levanta un árbol fantástico que al igual que Beatriz con su roce mata; Beatriz lo llama “hermano”, conversa con él y él responde haciendo correr su savia a diferentes velocidades. El gerundio de “estar parado” es “árbol”: ser árbol para ser un instante, como el practicante de tai chi que debe hacer de su cuerpo un árbol bien plantado mas danzante.

 

Un instante no sucede a otro instante, no es una vara arrastrada por la corriente de todo lo fugaz y novedoso, un instante es esa vara que siendo arrastrada por la corriente, queda atrapada en un meandro, y a manera de esqueje desarrolla raíces, transformando la horizontalidad del tiempo de Heráclito: tiempo-río, en la verticalidad del tiempo de Parmenides: instante-árbol. 

 

El ser que ha permanecido vivo durante más tiempo es un pino longevo que lleva 5065 años estando parado en las montañas blancas de California. Su semilla germinó en simultaneidad con la escritura, con la fundación de Troya, con el inicio de la cultura minoica que más tarde construiría un laberinto en cuya red de piedra se perderían tantas generaciones. Toda la historia cabe dentro del instante-pino-longevo y la conoce elongando su duración, quebrando capas tempo-topográficas accede a lo distante. Dinstante

 

Desde su lugar en las montañas blancas el pino longevo conoce lo que no le es próximo mediante una compleja red de metonimias: sabe de la cultura minoica por la carraca europea de los frescos de Cnosos que vuela a Grecia continental para encontrarse con una gaviota reidora que después volará al lago Constanza y se cruzará con un porrón moñudo que va rumbo a Noruega donde coincidirá con una pardela sombría que inicia su viaje hacia las Malvinas donde habrá una dormilona de cara negra esperándola antes de migrar a los Andes para coincidir con un correlimos de Baird que a su vez estará migrando a Yucatán para encontrarse con un pibí occidental que cruzará el Golfo de México para llegar a San Luis Potosí donde finalmente se encontrará con un cascanueces americano que volará a las montañas blancas de California para pararse en las ramas del pino longevo y con su khraaaa-khraaaa contarle sobre San Luis, Yucatán, los Andes, las Malvinas, Noruega, el lago Constanza, Grecia y la cultura minoica. Mis pensamientos sólo son sus pájaros, estando parado, cualquier luz distante, llega. 

 

Nycticorax nycticorax, 300716, 08:49 (19.275291, -99.101833)

 

V.

“Llévame a la luz” fueron las últimas palabras dichas por Lou Reed una mañana de domingo en la que, estando parado haciendo la posición número 21 de tai chi, encontró la muerte. Morir de pie para no morir, para escapar de la sucesión temporal, como Filemón y Baucis, quienes pidieron a los dioses morir en simultaneidad y en simultaneidad se transformaron en árboles, un roble y un tilo. “Llévame a la luz”, estando parado, cualquier luz distante, llega.

 

VI.

El fluir natural del agua es horizontal, sin embargo, cuando las condiciones del entorno le hacen cumplir las características que conforman un instante, es decir, cuando el agua permanece parada hacia adentro su fluir se vuelve vertical; una olla en la que el agua permanece estancada, detenida, de pie si vale el símil se pone sobre la lumbre y debido a la forma de transferencia del calor se crea un ciclo en el que el agua que está en contacto con la base de la olla se calienta y sube, obligando a bajar al agua de la superficie, que al entrar en contacto con la base se calienta y sube, obligando a bajar al agua de la superficie. Agua que estando parada va hacia adentro de sí y empieza su fluir vertical.

 

VII.

Estando parado hacia adentro, pero ¿hacia qué dentro? Entre 1987 y 1994 Abbas Kiarostami realizó tres películas que describen de manera tangencial la vida en Koker, una pequeña aldea situada al norte de Irán que en 1990 fue destruida por un terremoto. En la primera de ellas ¿Dónde está la casa de mi amigo?, un niño toma equivocadamente el cuaderno de su compañero de clase, por la tarde, a la hora de hacer la tarea, se da cuenta de ello e inicia un periplo para encontrar la casa de su amigo y devolverle el cuaderno. La segunda, Y la vida continúa, consiste en una ficción documental en la que un actor que representa a Kiarostami viaja de Teherán a Koker en un Renault amarillo, amarillo como la panza de un turpial, para saber si los niños que protagonizaron ¿Dónde está la casa de mi amigo? sobrevivieron al terremoto; debido a éste los caminos están cerrados, viéndose obligado a recorrer una serie de vericuetos que lo enfrentan a diferentes escenarios a través de los cuales se va enterando de la magnitud de los desastres causados por el terremoto. La última escena es un plano general de una carretera que conecta Koker con el exterior, una especie de caligrafía topográfica, rúbrica del cine de Kiarostami, que une el afuera con el adentro, el Renault amarillo, va del extremo inferior derecho (exterior de Koker) al extremo superior izquierdo (Koker), a la mitad de este trayecto el Renault pierde potencia y se precipita en reversa hasta un llano, el protagonista se baja del automóvil, da media vuelta y estando parado observa la montaña tras la cual está Koker: Estando parado hacia adentro de Koker, el protagonista conoce Koker.

 

La última parte de la trilogía, A través de los olivos, es un making-of ficcionalizado de una escena de Y la vida continúa en la que el director se encuentra sentado en la fachada de una casa azul, azul como el dorso de una urraca hermosa, cuando un joven sale de la casa, se sienta a su lado y mientras se cambia de zapatos le platica de su reciente matrimonio acontecido cinco días antes, justo el día después del terremoto. A través de los olivos transforma los tres minutos con cuarenta segundos que dura la escena, en una hora con cuarenta minutos durante los cuales pliega y despliega una compleja serie de capas narrativas: muestra cómo fueron seleccionados y preparados los actores, dónde se consiguieron las macetas que decoran la fachada, qué conflictos internos suceden en la vida de los actores durante la grabación; pero sobre todo, muestra constantemente la cámara que permanece inmóvil sobre un trípode ante la fachada. En una entrevista para la televisión chilena, Jorge Rivera Cruchaga describe el momento en que estando parado frente a la casa ubicada en Rötebuckweg 47, el 17 de julio de 1961, hizo sonar el timbre al mismo tiempo que las campanadas del reloj marcaban las seis de la tarde y Elfride Petri, esposa de Heidegger, abría la puerta. Cruchaga asistía puntualmente a una cita con Heidegger, con la intención de preguntarle qué sentido tiene filosofar cuando se es cristiano, para qué rascar con mi razón apenas, con mis dedos, cuando se tiene la revelación de Dios mismo. La respuesta de Heidegger, al igual que el acontecer telúrico en Koker o las historias que suceden dentro de la casa azul son sólo algunas de las capas narrativas a las que se accede a través del instante, del estando parado hacia adentro, ya sea de la casa azul para especular sobre todos los multiversos posibles en los que habita esa humilde arquitectura, del estando parado hacia adentro de la ciudad de Koker para descifrar una temporalidad que no es la propia, o del estando parado hacia adentro de la casa de Rötebuckweg 47 para acceder al Ser.

 

Kiarostami hace cine-instante: el gerundio del “estando parado” le da la temporalidad que requiere la cámara para echar raíces, volverse árbol, y esperar a que las aves se posen en ella. El “hacia adentro” lo coloca afuera, cada una de sus películas es un paso hacia un exterior desde el cual puede ver la totalidad de una capa narrativa previa. El cine de Kiarostami es un juego dialéctico en el que se es al mismo tiempo territorio habitado y paisaje observado. Instante-Kiarostami, Instante-Cine, Instante-Irán, Instante-poesía-Persa.

 

Mi casa está lluviosa

en la cocina, en el salón

y en mi dormitorio llueve

y yo en el porche, detrás de los cristales

contemplo

 

VIII.

Hay dos versículos bíblicos que si se leen con literalidad proponen una relación gerúndia para con Dios: Levíticos 6:13 “El fuego ha de arder permanentemente en el altar; no se apagará”, y la Primera Epístola a los Tesalonicenses 5:17 “Oren sin cesar”. Alejandro “El Acemeta", inspirado en estos versículos, fundó un monasterio con la regla de San Basilio en Gomon, Bósforo, cerca de Constantinopla, en el que estableció seis turnos de coro, divididos en monjes griegos romanos y sirios, que se sucedían uno a otro; cada coro cantaba la salmodia dos veces al día durante dos horas, así conseguían un canto continuo durante las veinticuatro horas del día; de esta manera Alejandro inauguró la práctica del Laus perenis, adoración perpetua, la cual se ha replicado y está siendo replicada en diferentes capillas alrededor del mundo. 

 

La primera adoración perpetua en occidente, y tal vez la más prolongada, surgió como iniciativa de los obispos de Burgundia que ante la pregunta del príncipe Segismundo sobre cómo conseguir la salvación de su alma, le recomendaron establecer una salmodia perpetua; para ello, Segismundo dio a la abadía de San Mauricio en el año 522 los bienes necesarios para que los monjes pudieran dedicarse permanentemente a la oración: cientos de monjes cantando durante cientos de años. El príncipe Segismundo murió, 32 abades se sucedieron, para varias generaciones de monjes la vida inició y terminó cantando, la adoración perpetua de la abadía de San Mauricio duró hasta finales del siglo IX, casi cuatrocientos años cantando ininterrumpidamente, rezando de forma compartida. 

 

El gerundio del canto perenne, un rezo que sale hacia adentro, una comunidad monástica que rechaza la horizontalidad del cuerpo; el cristianismo nos enseña que el instante, además de vertical, no finito, y hacia dentro, es colectivo.

 

IX.

Un instante termina cuando otro instante lo absorbe; al instante que dura la vida de un monje, lo absorbe el instante comunitario del rezo perenne; al instante comunitario del rezo perenne, lo absorbe el instante del Imperio Carolingio. El modo en que se delimita un instante es reflexivo, parecido al modo en que los románticos alemanes del siglo XVIII ejecutaban el acto de pensar: Se empieza habitando un instante informe, para intentar modelarlo invocamos a la Totalidad-de-Instantes (TI) e intuitivamente decidimos que instantes le son contiguos; de esta manera, aunque arbitraria, tenemos ya la primera forma de un Instante-Sustraído (IS) de la Totalidad-de-Instantes (TI). Una vez más, habitamos el instante y descubrimos que la sustracción fue incorrecta, el Instante-Sustraído (IS) resultó muy amplio o demasiado estrecho. Para perfeccionar su forma se regresa el Instante-Sustraído (IS) a la Totalidad-de-Instantes (TI) y se piensan en imposible simultaneidad el uno y el otro, con la intención de definir con exactitud los límites del Instante-Sustraído (IS). Tenemos un nuevo Instante-Sustraído (IS), sólo que esta vez más complejo ya que se le adhirió una capa de la Totalidad-de-Instantes (TI) al  haber regresado a ella: IS=IS+1TI. Una vez más, volvemos a habitar el instante para descubrir que la sustracción fue incorrecta…, ésta formula se repite: IS=(IS+1TI)+1TI, y una vez que se ha comenzado a proceder según esta regla, ya nunca podrá indicarse un punto en el que termine.

 

El número de monjes de la abadía de San Mauricio fue disminuyendo durante los siglos VII y VIII, en el siglo IX, el emperador Ludovico se hizo cargo de la abadía, luego su hijo Arnulfo, luego Hucberto, luego Conrado, poco a poco la abadía dejó de ser templo y se convirtió en residencia real, poco a poco los monjes fueron menguando, y con ellos su canto.

 

Instante

 

X.

En Introducción a la gnósis, Samael Aun Weor, fundador del movimiento neognóstico, imparte nueve lecciones para iniciarse en la gnósis, cada una consiste en una pequeña reflexión teórica, reforzada por un sencillo ejercicio práctico: controlar la respiración, colocar el cuerpo en determinadas posiciones, bloquear los sentidos, orar, reflexionar durante el momento anterior al sueño. La segunda lección busca desarrollar la fuerza del pensamiento; el ejercicio consiste en colocar un hilo de seda del que cuelgue una aguja para después, concentrarse en esa aguja y tratar de moverla con la fuerza del pensamiento. Se debe trabajar diez minutos al día en ese ejercicio, Samael Aun Weor dice que al principio la aguja no se moverá, pero con el tiempo se podrá ver como la aguja oscila y llega a moverse fuertemente. En la lección está escondida una trampa: decirle al estudiante que la aguja está inmóvil, cuando no hay nada inmóvil en el universo. El verdadero ejercicio consiste en lograr que la aguja permanezca quieta, y a partir de su quietud, como el caballero de la fe de Kierkegaard, mirar los movimientos del universo; estando parada hacia adentro la aguja penetra en el tiempo y lo revienta. 

 

Seagull Leucophaeus atricilla, 010816, 18:43 (19.199418, -96.128173)

 

XI.

El instante no niega la sucesión temporal, ni el universo astronómico, convive con ellos; el tiempo es la sustancia de que estoy hecho, sí, pero el instante es el accidente que lo fractura y lo convierte en duración. He ahí el trabajo del ser. El instante es una aguja vertical que revienta el tiempo, pero yo soy la aguja; es un canto incesante y colectivo, pero yo soy el canto; es un respetuoso mirar que aguarda la parusía, pero yo soy el mirar; es un árbol bien plantado mas danzante, una puerta que devela aún cerrada, un veneno que por desconocido mata, alce indoblegable de ojos opacos, pero yo soy el alce, el veneno, la puerta, soy un árbol bien plantado mas danzante. A la totalidad del universo desgarradoramente real accedo en un instante.