Encontrar la muerte

2015-2016 

 

Tras haber derrumbado los muros de Jericó, dado muerte a su rey y exterminado a sus habitantes -excepto a Rahab y su familia-; tras haber conquistado Hai, dado muerte a su rey, exterminado a sus habitantes y convertido en cenizas la ciudad. A media batalla en contra de la alianza formada por los cinco pueblos amorreos: Jerusalén, Hebrón, Jarmut, Laquis y Eglón, Josué pide a Dios que detenga el sol encima de Gabaón y la luna sobre el valle de Ajalón, para ejecutar de una vez por todas la matanza que le fue ordenada: detente sol para conquistar en este instante todos los pueblos del mundo, detente luna para cumplir en este instante la voluntad de Dios.

En la décimo quinta tesis sobre el concepto de historia, Benjamin cuenta que durante la Revolución de 1830, en París, cuando cayó la noche del primer día de combate, en muchos lugares independientemente y al mismo tiempo, hubo disparos a los relojes de las torres: detente tiempo para consumar de una vez por todas, en este mismo instante, la revolución.

Josué pide que se detenga el tiempo para que las doce tribus de Israel exterminen al resto de la humanidad; Benjamin escribe sus tesis sobre el concepto de historia mientras escapaba del exterminio al pueblo judío perpetuado por el nacionalsocialismo. Un Cubo de Rubik con un número finito de partes, sujetas a posibilidades infinitas, en el que está contendido lo que sucede y su opuesto.

 

(Izquierda: "Cardenal Él", Acrílico sobre papel, 5 piezas de 50 CMS x 50 CMS c/u. Derecha: "Cardenal Ella", Acrílico sobre papel, 5 piezas de 50 CMS x 50 CMS c/u.)

 

Benjamin muere en Portbou el 26 de septiembre de 1940, el parte médico indica que muere a causa de un derrame cerebral, la historia oficial dice que se suicida ingiriendo una sobredosis de morfina, y la no-oficial que fue asesinado por la Gestapo; sea una, otra u otra razón, Benjamin, como Bela Lugosi, is dead 

Tras siete años sobreviviendo al fascismo y negándose a dejar Europa, aún quedan posiciones que defender aquí, Benjamin decide escapar a Estados Unidos; para ello debe cruzar los pirineos, llegar a España, atravesar todo el territorio español, entrar a Portugal y allí embarcar rumbo a América. Benjamin inicia su travesía en mayo de 1940 en París, pasa por Lourdes, llega a Marsella, tras un dramático cruce de los pirineos, llega a Portbou, primer ciudad española cruzando la frontera desde Port-Vendres, se presenta en la estación de policía para notificar su entrada, aunque tiene el visado necesario para estar en España, se le informa que ha habido un cambio en la legislación: no se le permitirá la entrada, será entregado a las autoridades francesas al día siguiente y ellos a su vez a las autoridades alemanas. Esa noche, bajo vigilancia policial, lo hospedan en el Hotel Francia –salir de Francia para dormir en Francia, antes de ser deportado a Francia–, Benjamin duerme en la habitación número tres, tras realizar algunas llamadas, toma una fuerte dosis de morfina, y al día siguiente su cuerpo es encontrado sobre la cama, muerto.

De haber llegado un día antes, hubiese obtenido el permiso de entrada a España, justo ese día se aprobó el decreto que prohibía a los ciudadanos sin nacionalidad francesa atravesar el territorio español; de haber llegado un día después, se hubiese enterado del decreto antes de cruzar la frontera y habría sabido que no era posible entrar a España. Justo ese día en particular era posible la catástrofe.

Benjamin encontró la muerte en Portbou; desde del día en que subió Hitler al poder, siempre cargaba la muerte en el bolsillo, sesenta pastillas de morfina aguardando por él. Contrario a lo que se piensa, el opio no viene de oriente, la amapola es nativa de la región del mediterráneo, Papaver somniferum, amapola, opio, morfina, heroína, es mi esposa y es mi vida, durante cuatro mil años permaneció intacto un campo de amapolas en el Alto Ampurdán, para transformarse en morfina la noche que llegó Benjamin a Portbou. Su muerte siempre estuvo allí. 

Encontrar la muerte: las balas, como dice Zenón, nunca matan, siempre les queda una mitad de camino por recorrer antes de impactarse contra su objetivo. A las nueve de la mañana del 29 de marzo de 1939, un batallón de la Gestapo disparó sus armas en contra de Jaromir Hladík –escritor judío acusado de difundir el judaísmo–, las balas recorrieron la mitad del camino que las separaba de Hladík, recorrieron una mitad más y la mitad de la mitad, antes de morir Hladík quería terminar de escribir su drama en verso Los enemigos, así que mientras las balas recorrían las infinitas mitades que los separaban, Hladík, en su memoria, rehízo el tercer acto de su drama dos veces; corrigió, omitió, abrevió, amplificó; en algún caso, optó por la versión primitiva, un año demoró en terminar su obra, cuando lo hubo hecho, movió la cabeza velozmente hasta alcanzar los 340 metros por segundo que se necesitan para ser atravesado por una bala. La bala nunca llegó, fue él quien llegó a la bala para encontrar su muerte. 

Una dosis de morfina, una bala en el aire; la muerte no busca, uno encuentra la muerte. Waring Hudsucker salta desde su oficina en el piso 44 del edificio que lleva su nombre, el futuro es ahora, Nicos Poulantzas salta desde el piso 22 de la torre de Montparnasse, Deleuze desde el quinto piso de su apartamento en la avenida Niel. Hasta aquí todo va bien, hasta aquí todo va bien… pero la caída no es lo importante sino el aterrizaje. El suelo siempre ha estado allí, esperando; esperó por Hudsucker, por Poulantzas, por Deleuze, como espera pacientemente el pedazo de tierra de la calle Gentil-Bernard que el vacío de Klein, se llene.

Una dosis de morfina, un bala en el aire, un pedazo de tierra, Reinhold Messner busca la muerte en cada ascenso, Walter Steiner en cada descenso; Abraham no da muerte a Isaac, es Isaac quien la encuentra. El heroísmo en Abraham, su angustia, es la de acompañar silenciosamente el suicidio de su hijo: el cuchillo permanece inmóvil en la mano de Abraham, es el cuello de Isaac quien busca su filo, él mismo es el arma viviente que él forja. La primera parte del capítulo quinto del Pirkei Avot o “tratado de los padres” está formado por una serie de listas en las que se enuncian conjuntos de diez: las diez sentencias con las que fue creado el mundo; las diez generaciones entre Adán y Noé y las diez entre Noé y Abraham; los diez milagros, los diez tormentos y las diez tentaciones que sufrieron los padres originales en Egipto. El último de estos conjuntos corresponde a las diez cosas que creó Dios durante el crepúsculo de Sabbat: la boca de la Tierra que se tragó a Korach, la boca del pozo de Miriam, la boca del asno que vio al ángel, el arcoíris, el maná, la vara de Moisés, el Shamir, y la escritura que permitió la inscripción de las tablas de los diez mandamientos. Algunos dicen que las últimas dos cosas que creó Dios durante el crepúsculo del Sabbat fueron la tumba de Moisés y el cordero de Abraham, otros que fueron los espíritus de la destrucción y las pinzas originales. Durante el crepúsculo del Sabbat, Dios creó las pinzas que usaría el herrero para forjar el cuchillo con el que Isaac se encontraría y el cordero que lo salvó: el perdón y la muerte. Un Cubo de Rubik con un número finito de partes sujetas a posibilidades infinitas, en el que está contendido lo que sucede y su opuesto.

Isaac no muere, el cuchillo que sostiene Abraham no corta el cuello de su hijo, corta el tiempo. En 1958 Lucio Fontana realiza su primer Tagli, una incisión hecha con navaja sobre un lienzo monocromo, algunos años antes, Fontana había estado explorado las posibilidades de un corte, perforando lienzos con un punzón, un acto aparentemente ingenuo, neo-dadaísta: violentar un lienzo; nada más lejos de la realidad, sus “conceptos espaciales”, nombre con el que bautizó al conjunto de piezas que tienen como base un corte, tienen un fin mágico, alquímico: la transmutación de un plano bidimensional en uno tridimensional, multidimensional: infinito. Un primer movimiento tuerce la superficie hacia delante, creando la tercera dimensión, un segundo movimiento la tuerce para atrás, dando paso a una cuarta dimensión, y un último movimiento abre el espacio entre los dos bordes, generando un hoyo, un agujero, una puerta de entrada a múltiples dimensiones. La piel de un tigre no está formada por franjas negras, sino por cortes, abismos, infinitos. Un antecesor de Fontana fue Longino de Cesárea: durante la crucifixión, el procedimiento indicaba que había de quebrar las piernas a los crucificados para que el peso de sus cuerpos no descansara sobre sus tobillos y acelerar su muerte por asfixia. Le quebraron las piernas al mal ladrón, le quebraron las piernas al bueno, cuando llegó el turno de quebrárselas a Cristo, se dieron cuenta que ya había muerto, para cerciorase, Longino de Cesárea encajó su lanza en un costado de Cristo, brotó su preciosísima sangre, Longino recuperó la vista y se convirtió. Un corte en la piel de Cristo, la franja de un tigre, Øieblikket, la distancia entre el momento que sigue y el momento que precede, entre lo que se era antes y lo que se es después. Saulo vuelto Pablo: ver después de haber visto.

Isaac no muere, Cristo resucita; Abraham testifica el holocausto de Isaac, Dios el de Cristo, uno y otro padre presencian el calvario de sus hijos. Un movimiento más en las infinitas combinatorias del Cubo de Rubik indica que toca a los hijos asistir al suicidio de sus padres. Antes de terminar mentalmente su drama en verso, Jaromir Hladík, ante el terror de saber que iba a encontrar la muerte frente a un pelotón de fusilamiento, pensó que la realidad no suele coincidir con las previsiones; con lógica perversa infirió que prever un detalle circunstancial es impedir que éste suceda. Así que, para evitarlas, imaginó las muertes más atroces, cada invención descartaba un movimiento en las infinitas combinatorias del Cubo de Rubik, quebrantando la linealidad del tiempo, acelerándolo en simultaneidad. Borges, quien imagino a Jaromir Hladík, hizo lo mismo cuando estaba a punto de morir: María Kodama le preguntó si quería conversar con un sacerdote, Borges respondió: “Bueno, llamemos a un protestante y a un católico, así converso con los dos”, en ese instante Borges se multiplicó por tres: agnóstico, católico y protestante; poco tiempo después, justo antes de morir, Borges se atrevió a decir el Padre Nuestro en cuatro idiomas diferentes: inglés antiguo, inglés moderno, francés y español, Borges se volvió a multiplicar, ahora por cuatro: doce Borges. Con dos sencillos gestos descartó una docena de posibles movimientos en las infinitas combinatorias del Cubo de Rubik. 

Un Cubo de Rubik se compone de 26 pequeños cubos unidos por un mecanismo que les permite girar; cada lado del gran Cubo está formado por nueve lados, de un mismo color, de los pequeños cubos; existen 43 252 003 274 489 856 000 posibles combinatorias en el acomodo de los pequeños cubos. Antes que existiera algo hubo un Cubo de Rubik, una mano cósmica realiza el primer movimiento, firme pero lento, demora un segundo, cancela la primer posibilidad al mismo tiempo que sucede la gran explosión, el Big Bang: se crea el tiempo, el espacio y toda la materia y energía que han de existir; el universo comienza su expansión, aparece la fuerza de gravedad, la interacción nuclear fuerte, nacen las estrellas y con ello las galaxias, transcurren 13.7 billones de años y la mano cósmica ha completado 286 977 600 000 000 000 movimientos, apenas el 0.66%. Se forma el sol, un gran disco de gas y escombros se arremolina alrededor de él, dando origen a la Tierra; tras una, dos, tres, cuatro glaciaciones, aparecen Adán y Eva, seguidos por Set, Enós, Cainán, Malaleel, Jared, Henoc, Matusalén, Lamec, y Noé, durante cuarenta días y cuarenta noches llueve sobre la Tierra, Abraham ve con angustia a Isaac e Isaac le muestra orgulloso su cuello, Moisés divide un mar, Josué divide un río, Longino de Cesárea penetra con su lanza a Cristo, Ptolomeo hace de la Tierra el centro del universo, Copérnico le devuelve su excentricidad, Gutenberg inventa el tipo móvil con lo que Kierkegaard publica tres libros en simultaneidad un 16 de octubre de 1843, y acostado en un piso de baldosas, Borges lo observa todo en la parte posterior del decimonono escalón de la casa que alguna vez habitó Beatriz Viterbo, 4.6 billones de años en los que la mano cósmica realizó 145 065 600 000 000 000 movimientos más, tan sólo el 0.99% de las posibles posibilidades. Otras 220 752 000 permutaciones y la mano cósmica hace una pausa, deja de hacer girar el Cubo de Rubik durante 4 minutos con 33 segundos para unirse a la interpretación de David Tudor en Woodstock. Muere Borges, muere Tudor, muere el húngaro Ernő Rubik, muero yo, mueres tú, los mares se evaporan, la vida en la Tierra termina, 4 billones de años y la mano cósmica ha girado el mecanismo del Cubo 126 144 000 000 000 000 veces más, restando aún el 98.7% de las combinatorias posibles. El universo continua expandiéndose, Andrómeda y la Vía Láctea colisionan para convertirse en una gran galaxia y todo lo existente fuera del Supercúmulo de Virgo desaparece en el horizonte cósmico, un trillón de años, el nivel de entropía hace imposible rastrear el origen del universo y la mano cósmica ha descartado ya el 80.47% de las más de 43 trillones de combinatorias. La mano cósmica sigue rotando el eje del Cubo, y habiendo transcurrido un trillón trecientos setenta y un mil quinientos doce billones veintiséis mil setecientos quince años y sesentaicinco días desde el primer movimiento, las posibilidades se agotan. Nada desaparece del mundo sino es por autodestrucción.

 

("Pato mandarín", Acrílico sobre papel, 9 piezas de 50 CMS x 50 CMS c/u.)

 

Cada vuelta del Cubo de Rubik es una muerte, cada muerte descarta una posibilidad; en un movimiento anterior, Dios asistió a la muerte de Cristo, en uno siguiente, Él muere. “Gott ist tot”, escribe Hegel en La fenomenología del espíritu, ya no hay lugar para la totalidad, Hegel ayuda a la mano cósmica a girar el Cubo, se le suma Feuerbach, Nietzsche, Zarathustra; en La filosofía de la liberación, Mainländer propone que no es el hombre quien acaba con Dios, sino que Dios se inmola, se auto-aniquila, encuentra su propia muerte. En diferentes mitologías es común que Dios simule su muerte, que encarne para morir, pero, como reza el título del vals de Macedonio Alcalá: Dios nunca muere, entre la crucifixión y la pascua, Dios sigue existiendo. El único Dios que verdaderamente se ha sacrificado a sí mismo es Odín: 

 

Sé que colgué en un árbol mecido por el viento 

nueve largas noches

herido con una lanza y dedicado a Odín, 

yo mismo ofrecido a mí mismo 

en aquel árbol del cual nadie conoce el origen de sus raíces. 

 

No me dieron pan ni de beber de un cuerno, 

mire hacia lo hondo, 

Tomé las runas 

las tomé entre gritos, 

luego me desplomé a la tierra. 

 

La muerte de Benjamin, las muertes de Borges, la muerte de Cristo, la muerte de Dios, la muerte del Estado, cerrar un libro permite que su contenido se reordene. Cada muerte es un giro, cada giro redime una posibilidad, la libera de existir; regresemos a Benjamin: sólo a la humanidad redimida le concierne enteramente su pasado, “le concierne enteramente” su pasado, porque es pasado: en este juego dialéctico en el que la negación afirma, podremos decir con orgullo que Dios ha muerto cuando el Cubo gire y en la siguiente permutación vuelva a ser necesario.

El universo está compuesto por un número finito de Cubos de Rubik con permutaciones inmensas, pero finitas, que en su vastedad consiguen la infinitud. Cuando acabe de escribir esto habrá dado un giro más el gran Cubo de Rubik y al mismo tiempo habrá un Cubo más en el universo.